Cómo me joden las cosas a medias.
Empezar a besarte y parar con los labios sedientos.
Empezar a conocerte y dejar que te resbales de entre mis dedos cansados.
Empezar a quererte y perder el primer pulso contra las olas de tu orilla.
No tengo más razones ni derecho para pedirte que te quedes esta noche y la siguiente.
Podría ofrecerte sueños, y quizá una cama sin cicatrices, porque contigo no recordaría las heridas...
Vienes, en silencio, a levantar las ruinas de tus pasos para que no pueda olvidar el camino que seguiste en mi cuerpo.
Vete... y vuelve de nuevo con las manos cargadas de brisa, con los ojos llenos de memoria.
Me gustaría escucharte decir que sólo acabará este miedo, el miedo a dejar de esperarte.
Cómo me gustan los domingos nublados, los lunes lluviosos, las tormentas de verano, el viento... sobre todo si los disfruto contigo.
Una voz arañada de azul me pide el humo de un porro que no voy a liar.
Me sentaré desnuda al borde de la bañera y cerraré los ojos.
Quizá me busquen tus brazos, quizá me trague un desagüe.
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