Cuando era pequeña siempre llevaba encima un lapicero -casi siempre sin punta-, y cuando se me ocurrían preguntas me gustaba afilarlo y escribirlas, en cualquier parte. Luego le rompía la punta pensando que así no descubrirían que era yo quien iba ensuciando la ciudad con mis dudas. Hasta que me di cuenta de que los niños ya no miraban las paredes ni las mesas, que mis preguntas no tendrían respuesta, y me pareció inútil escribir en sitios donde nadie miraría. Se acabó el romper puntas.Ahora, cuando me entran ganas de hacer preguntas, meto mi mano en el bolsillo y aprieto mi dedo contra el aguijón.
El tiempo pasa, sin decir nada, sin dejar señales o signos, y espero, espero un sueño, una sonrisa, un beso... espero demasiado para lo que ha sido mi vida hasta el día de hoy. Demasiado bonito para ser verdad y para ser duradero.
Pido perdón todas estas letras virtuales, que aun siéndolo, dejaban de serlo cada vez que te tenía delante, mudas, pero vivas, y de esto a veces me arrepiento, solo en parte, porque de haber sido al contrario, el dolor que siento ahora, hubiese sido más insoportable si cabe.
Entre pensamiento y pensamiento, entre lágrima y lágrima, supongo que ha llegado el momento de decir alguna cosa, despues de haberlo meditado bien -aunque temblando-, pensado y repensado, es hora de tomar decisiones. De la misma manera que te conocí, por azares fortuitos, creo que ahora hemos de separarnos, de intentar volver a mi caminito, porque tú de alguna manera has sido ese camino desconocido lleno de sorpresas, buenas y malas... -más buenas que malas por si te lo preguntas alguna vez-, y a pesar de separarme de ti nunca dejarás de estar conmigo, porque has llenado una parte importante de mi vida de la que formas y seguirás formando parte. Tal vez de otra manera, pero siempre ahí.
Tal vez algún día volvamos a encontrarnos en otro camino tempestuoso, en otro lugar... porque la fiebre de escribir y leer, de conocer... no desaparece y seguro que volverá a removerse y dejarse sentir.
De algún modo, sin darnos cuenta hicimos un intercambio, como esas veces cuando juegas de pequeño con los amigos y te intercambias cosas de recuerdo en los campamentos de verano.
Hubiese estado bien que en uno de esos campamentos me hubiesen dado una galletita de la suerte que llevase un papel dentro que pusiera: "El secreto para vivir en paz con todos, consiste en el arte de comprender a cada uno según su individualidad" entre otras cosas más, como dejar el corazoncito guardado para no confundir amor con cariño o amistad...
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